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Mensaje de una niña refugiada

Hace dos semanas conocí a esta niña refugiada de 11 años, la misma edad que mi hija. Madre e hija escaparon de un país cercano por violencia de género. Su padre (si cabe el título) las golpeaba y casi mata a su madre a machetazos. Ella tomó valor y finalmente dejó todo atrás y escapó tan lejos como su desesperación pudo. Llegó a Costa Rica. Me comentó la madre que la pequeña quería ir a la televisión para contar su historia así nadie mas debía vivir ese infierno. Le dije que yo no era de la tele, pero si quería podía escribir lo que sentía y yo la fotografiaba, que el mensaje igual llegaría a muchas y muchos. Así que lo escribió, se puso su vestido de princesa y tomé esta foto.
Además de su escrito ella hizo un dibujo. En él aparecen su madre, ella y una maceta con flores. Arriba de ellas había un arco, un semicírculo pero no terminaba de entender qué era. Le pregunté entonces si era un arcoiris. Me dijo "No, es un techo".
Desde hace un año, mas o menos, estoy realizando un trabajo fotográfico –documental con la población de refugiados en Costa Rica para el ACNUR. En nuestro país hay unos 20.000 refugiados. Principalmente de la región: Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y otros. Los hay también de todo el mundo, incluso de Irán de donde fotografié a alguien muy especial hace poco. En general es una situación que la mayoría desconoce. Y lamentablemente hay mucho prejuicio al respecto. Esta gente ha tenido que dejar su país natal, su familia, su gente, sus trabajos y todo lo “conocido” pues si no lo hacían y se iban a otro país en este momento muy probablemente estarían muertos. Las causas son muchísimas: Guerrilla, narco, las maras (pandillas), violencia de genero, persecución política, desastres naturales, etc.
Es gente que tiene una historia detrás muy fuerte y no importa lo que hayan logrado en su vida, deben volver a “empezar” de cero. Deben cortar todo vinculo con el pasado y en un lugar desconocido, sin red de contención y de cuido, volver a hacerse una vida. Con reglas nuevas, en un entorno desconocido. Y además estigmatizados. Discriminados. Decir que es difícil lo que les toca sería una payasada y una falta de respeto. Es mucho mas.
Y no estoy hablando del DRAMA de los refugiados de medio oriente que quieren entrar en Europa y son repelidos con murallas y leyes. Hablo de hoy en Costa Rica. Este maravilloso país que todavía cree en la gente y acoge a quienes necesitan desesperadamente otra oportunidad. Un volver a empezar. El Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas junto con otras instituciones y el gobierno trabaja en el programa Modelo de Graduación donde a parte de esa población -y a algunos costarricenses también- se les ayuda para insertarlos en la sociedad. Se les capacita, se busca trabajo y algunos se le brinda un micro capital “capital semilla” para desarrollar un micro negocio para salir adelante.
En este marco me toca fotografiar a muchas de estas personas, conocer sus historias –desgarradoras en su mayoría- y compartir un rato. Casi siempre hay llantos y tristeza, pero muchas también hay una luz de esperanza.

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